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"Raúl, sólo 17 años pero sobrado de talento, mostró un amplio repertorio que le convertirá en figura del fútbol. En los peores momentos de su equipo fue capaz de fabricar dos situaciones de mano a mano con Cedrún. Mostró ingenio, capacidad para el desmarque y maestría, sobre todo en la primera, en la que desbordó con habilidad al portero. Sólo falló con el estoque. En ambas ocasiones envió el balón fuera."

Jesús Alcaide, de "El Mundo", así te describió tras tu debut en el futbol profesional. 29 de Octubre de 1994, el filósofo Jorge Valdano confió en ti, creyó que ya era edad para que salieses del nido y encarar una vida que te ha colmado de éxitos. Fue ante el Zaragoza, seguramente lo recordarás como si fuera ayer. 

Han transcurrido 16 años y el "Ángel del Madrid", mote dado por el gran Luis Omar Tapia, abandonó el seno madridista. Lo que bien empieza, bien termina, contigo no fue la excepción. Antes de recordar tu último acontecimiento relacionado directamente al club merengue, quiero describirte, hablar de ti, agradecerte.

Cómo no olvidar tus cucharadas de chocolate suizo que empalagaban a cualquiera y no había bebida capaz de desdibujar tal sensación. Acicalabas las redes de las porterías contrincantes como si de tu mujer se tratase. El balón era tu mejor amigo; la portería, el cómplice de tus diabluras. Cómplice de aquel gol anotado al Barcelona, donde mandaste callar a los detractores; cómplice de tantos festejos en Champions League, cómplice de tantas alegrías, no sólo tuyas, sino de nosotros, fieles madridistas, que disfrutamos tus 16 años enfundando la camiseta blanca, celestial. 

¿Lo recuerdas? "Gol de la ruina, gol del churro, gol del muerto". Hasta te llegamos a nombrar: "el que nunca hace nada". Es de hombres reconocer los errores. Decir que nunca hiciste nada es haber estado esos gloriosos 16 años con una venda en los ojos. Hipócrita el que no te reconozca, pues celebró cada gol tuyo tal como si fuera el último. ¿Por qué? No me niegues que recibiste ofertas sustanciosas de diversos clubes. No obstante, te mantuviste ahí, fiel a los colores, una fidelidad que se extraña en los tiempos actuales. Ya nadie se la cree cuando un futbolista besa el escudo cual Judas a Jesús. Tú, no. Tú, siempre tú, en el vestidor, en los partidos, arengando, motivando...dando ejemplo. La prensa, sobre todo la española, la que le encanta vender en vez de ganar credibilidad, hizo una campaña a favor tuyo para relanzarte a la selección española. Te pregunto otra vez, ¿qué hiciste?

Nada. Bien dice el dicho: "mucho ayuda el que no estorba". Eras consciente de que tu nivel no era meritorio para volver a vestir la casaca de la Furia Roja. Una muestra coherente de humildad y honestidad. El que calla otorga y otorgaste serenidad. El resultado: España ganó la Eurocopa y el Mundial. No necesitaba de ti como tú no necesitabas de ella. El final se acercaba, cada vez tenías menos actividad en el terreno de juego, sin embargo, ahí seguías organizando un vestidor demasiado dividido, excedido de estrellas pero falto de obreros. 

Llegó el momento de que el Ángel del Madrid volase a otro sitio, a un destino en el que pudiese terminar su carrera de la manera más digna posible. Paraje: Schalke 04. Ahí recalaste, no sin antes despedirte de todos nosotros y decirnos: "hasta pronto". Porque, Raúl, el 7, el del churro, el de la ruina, el Ángel...volverá algún día. No sabemos precisamente cuándo, sin embargo, te conocemos y lo de hace unos días no fue una despedida, sino el comienzo de una vida distinta que terminará en reencontrarnos otra vez. Serás directivo, asistente, lo que sea...volverás. Por el momento, en Alemania tendrás un aire distinto, el último como futbolista profesional. Eso sí, nunca cambias. Otra cucharada al Bayern Munich. 

Danke, Raúl. Gracias, mítico.